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Paraísos fiscales

Durante las últimas semanas, la canciller alemana Angela Merkel ha encabezado un acoso y derribo contra su pequeño vecino, el principado de Liechtenstein, por no haber cooperado con una investigación alemana sobre presuntos evasores de impuestos. Esta particular disputa entre Alemania y Liechtenstein es tan sólo la punta del iceberg de una batalla muchísimo más amplia entre las grandes naciones europeas y los pequeños principados con impuestos muy reducidos.

Los ataques per se son injustos. Países como Mónaco y Liechtenstein tienen todo el derecho del mundo a mantener el secreto bancario y no se los debería forzar a hacer de inspectores de hacienda para sus hermanos mayores, que deberían pasar más tiempo preocupándose de por qué huye de su territorio tanto capital, en lugar de ensañarse con lugares de apenas una fracción de su tamaño.

El conflicto no parece que se vaya a calmar tan aprisa. Todo empezó cuando los investigadores alemanes pagaron 5 millones de euros a un ex empleado del banco LGT de Liechtenstein a cambio de discos informáticos que contenían los nombres de personas con cuentas bancarias en este principado. La información obtenida ha dado lugar ya a la dimisión del máximo responsable de Deutsche Post, Klaus Zumwinkel, y según las autoridades alemanas, casi otras 200 personas han confesado ya su evasión fiscal.

Ahora el ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrueck, planea encabezar una campaña más amplia de la Unión Europea contra los paraísos fiscales. Merkel ha abordado este asunto con el príncipe Alberto de Mónaco, y parece que la ofensiva contra este enclave mediterráneo es sólo cuestión de tiempo. De este modo, la anomalía de tener pequeños principados de bajos impuestos en un continente de impuestos bastante altos, puede estar llegando a su fin.

Es comprensible que los paraísos fiscales les resulten irritantes a los grandes gobiernos europeos. En un mundo de movilidad cada vez mayor, y de mejores medios de comunicación, a los ricos se les ha hecho terriblemente fácil mudar su sitio oficial de residencia a un entorno más acogedor en lo que a impuestos se refiere. La mitad de los empresarios británicos parece estar domiciliados en Mónaco, mientras que los alemanes parecen estar guardando dinero en Liechtenstein.

Esto es algo que a los aficionados del deporte español no les cogerá por sorpresa. Son bien conocidos los 11 años en Andorra de Arantxa Sánchez Vicario o la sociedad con sede en las Antillas holandesas de Luis Enrique. Carlos Moyà apostó por Ginebra (Suiza), Félix Mantilla por Mónaco, Galo Blanco y Fernando Vicente, por Andorra, y los pilotos Carlos Checa y Dani Pedrosa por las Islas Británicas. Fernando Alonso reside en Oxford (Inglaterra), aunque desde hace tiempo se le sitúa para el futuro en Suiza, donde se encontrará su colega Pedro Martínez de la Rosa o el ciclista Óscar Freire.

Cuando las elites se desentienden del régimen fiscal, subvierten los procedimientos democráticos y socavan el respeto a la integridad de las leyes y las instituciones. Este principio es el que mueve a los gobiernos de Alemania y otros países. Aun así, Liechtenstein y Mónaco no tienen obligación alguna de suministrar listas de inversores extranjeros a las autoridades fiscales alemanas, francesas o británicas, siempre y cuando no haya sospecha de blanqueo de capitales o de terrorismo.

Es difícil para el Gobierno alemán justificar haber pagado a Heinrich Kieber, el ex empleado de LGT Group, por detalles de cuentas privadas, y después haber vendido por todo el mundo esa propiedad robada. No importa que los discos contuvieran datos de evasión fiscal. Dos errores no equivalen a un acierto. Los Gobiernos alemán, británico, francés o sueco, que compraron la información, se echarían al monte si un Estado miembro de la UE robase información de sus propios bancos.

Además, estos pequeños principados son entidades soberanas. Alemania tiene el derecho de fijar las leyes que le parezca para las personas que viven en Alemania. Si quiere prohibir a sus ciudadanos el tener cuentas o crear fundaciones en otros países, puede hacerlo y enfrentarse a la fuga de personas y capital. Pero no puede forzar a otros países a que cambien sus normas.

Si la gente invierte en países de impuestos bajos o en estructuras jurídicas como fundaciones, su responsabilidad fiscal es cosa suya, no de la nación anfitriona. La mayoría de los inversores legítimos considera que los principados de impuestos bajos ofrecen una alternativa útil al régimen de los Gobiernos de impuestos altos que asfixia a gran parte de Europa.

Por último, es irrisorio decir que este tipo de “competencia” fiscal es injusta. Toda competencia es injusta. Las naciones pequeñas con el derecho a ganarse la vida como les de la gana. No es más injusto que la destreza de Alemania en la fabricación de automóviles, o que la aptitud de los franceses para hacer vino. ¿Acaso deben los alemanes cerrar su industria de automóviles de lujo porque les hace la vida difícil a los trabajadores del sector en el resto de Europa?

Si la respuesta en no, tampoco Liechtenstein debe cerrar su sector de servicios financieros. Naturalmente, los paraísos fiscales deberían asegurarse de no estar albergando activos de delincuentes o terroristas, aunque se tiende a exagerar en este sentido. Munir el Motassadeq, la única persona a quien se ha procesado por los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, vivía en Hamburgo, no en Liechtenstein. Uno de los presuntos piratas aéreos usó cuentas bancarias de Florida, no de Mónaco. Lo cierto es que los terroristas usan normalmente bancos corrientes porque éstos levantan menos sospechas.

Quizá el Gobierno alemán y los otros que pagan por información robada debieran pasar más tiempo pensando en cómo hacer sus propios países más atractivos a sus contribuyentes. Ahí están los ejemplos de Abraham Olano, que aunque estuvo muy cerca de mudarse a Mónaco, llegó finalmente a un acuerdo con la Hacienda de Guipúzcoa, del mismo modo que Miguel Indurain alcanzó un pacto con la Hacienda Foral de Navarra.

Mañana me pasaré por la Agencia Tributaria. A ver si es verdad aquello de que “Hacienda somos los tontos”.


Liquidación petrolera

Si Chevron sigue recomprando acciones propias al ritmo actual, la compañía habrá liquidado el 100% para el 2023. Chevron es la segunda mayor compañía petrolera en Estados Unidos después de Exxon Mobil, y hace ya unos meses anunció un plan para la recompra de acciones por el valor de hasta 15.000 millones de dólares durante los tres próximos años, lo que supone la recompra de más del 7,5 por ciento de sus títulos en circulación. Con las recompras causando furor en una industria petrolera saturada de efectivo, también Exxon Mobil está recomprando alrededor de 30.000 millones de dólares de sus acciones cada año, por lo que de continuar así, habrá recomprado todas sus acciones para el 2024.

Este asunto no es tan absurdo como parece. Las compañías petroleras no están solamente respondiendo a la fascinación de Wall Street por las recompras. Si bien tales recompras aumentan la cantidad de ganancias y activos detrás de las acciones restantes en una compañía, la fiesta para los accionistas termina cuando los activos y beneficios comienzan a caer. Y la realidad es que las compañías petroleras de propiedad de inversores -junto con productores de propiedad gubernamental fuera de la Organización de Países Exportadores del Petróleo- están a pocos años de entrar en declive. Para aproximadamente el 2011, estas compañías -entre las que se encuentran Shell y BP en el Reino Unido, Total de Francia y ConocoPhillips en Estados Unidos- ya no podrán incrementar su producción, y sobre el año 2014, esta producción comenzará un largo y constante descenso. Técnicamente, estarán en liquidación.

La industria no está encontrando nuevas reservas de crudo con la rapidez necesaria para corresponder a la demanda mundial de gasolina y otros combustibles elaborados a partir del crudo. Para bien o para mal, los ejecutivos petroleros se abstienen de la exploración, insistiendo en que el riesgo de encontrar y producir más -incluso con precios del crudo a más de 90 dólares por barril- es demasiado grande. Y eso que el cálculo actual del sector es que el punto de equilibrio de ingresos se encuentra 50 doláres por barril. Sin ir más lejos, Exxon Mobil gastará US$21.000 millones este año en exploración y mejoras de planta, una cantidad considerablemente menor a lo que gastará en recomprar acciones.

Son sin duda malas noticias para los países consumidores, que se volverán todavía más dependientes de una OPEC con muchos miembros políticamente hostiles a ellos. La producción diaria fuera de la OPEC ya ha alcanzado su culminación en México, Rusia y los yacimientos del Mar del Norte de propiedad del Reino Unido y Noruega; y la producción de China alcanzará su punto más alto alrededor del 2010. Por supuesto, el descenso a cero en la producción a cero de estas compañías tardará varios decenios. En tanto la OPEC podría ayudar a los países consumidores incrementando su producción lo suficiente para compensar, pero eso es algo que hasta el momento no ha hecho.

La situación a medio plazo se resume en que el mundo fuera de la OPEC no puede aumentar la producción y el mundo de la OPEC no quiere hacerlo. A más largo plazo, considerando al petróleo como una materia prima finita, la producción de la OPEC también se acabaría agotando. La producción de un miembro, Indonesia, ya ha alcanzado su punto culminante, y Libia lo hará en alrededor de cinco años. Sin embargo, muchos analistas opinan que el petróleo ya habrá caído en desuso como fuente de energía antes de que esto ocurra.

Volviendo al punto de partida, en la mayoría de los casos las recompras de acciones resultan cuando menos sospechosas. Las gerencias deberían ignorar la exhortación de los inversores a la recompra de acciones e invertir el dinero con el objetivo de aumentar beneficios, y no solo el beneficio por acción. Pero si el sector petrolero se va a liquidar en este siglo, las recompras pueden ser una manera razonable de empezar.


Ayudar a Africa

James Shikwati es un economista libertario keniata que defiende que la ayuda externa a los países subdesarrollados tiene un efecto contraproducente. Su argumento se basa en que estas ayudas son usadas por los políticos para manipular a la gente e influenciar el voto, y además son el mecanismo utilizado por los países desarrollados para deshacerse de sus excedentes agrícolas. Si los aranceles y las altas subvenciones ya se lo ponen casi imposible a los agricultores africanos, la llegada de toneladas de alimentos gratuitos a su mercado local acaba con cualquier posibilidad de crecer y competir.

En esta entrevista que le hizo el Der Spiegel, Shikwati habla del desastroso resultado de la política occidental para el desarrollo en África, de dictadores corruptos, y de la tendencia de exagerar el problema del SIDA. Muy interesante.

SPIEGEL: Mr. Shikwati, el encuentro del G8 en Gleneagles va a tratar el aumento de la ayuda para el desarrollo en África…

Shikwati: … Por el amor de Dios, paren ya con eso.

SPIEGEL: ¿Parar? Las naciones occidentales quieren acabar con el hambre y la pobreza.

Shikwati: Esas intenciones llevan haciendo daño a nuestro continente durante los últimos 40 años. Si los países industrializados quieren de verdad ayudar a los africanos, deberían terminar de una vez con esas dichosas ayudas. Los países que más ayuda para el desarrollo han recibido son precisamente los que están en una situación más lamentable. A pesar de los miles de millones que se han arrojado sobre África, el continente permanece en la pobreza.

SPIEGEL: ¿Tiene una explicación para esta paradoja?

Shikwati: El dinero de ayuda para el desarrollo sirve para financiar enormes burocracias y para promover la corrupción y la autocomplaciencia. Enseña a los africanos a ser mendigos en lugar de ser independientes. Además, la ayuda de los países desarrollados debilita todos los mercados locales y socava el espíritu empresarial que tanta falta hace. Es tan absurdo como suena: la ayuda al desarrollo es una de las razones que explican los problemas de África. Si Occidente cancelara las transferencias, los africanos de a pie ni siquiera se darían cuenta. Sólo los funcionarios y burócratas lo lamentarían. De ahí que sean ellos mismos quienes sostengan que el mundo dejaría de girar sin la ayuda a África.

SPIEGEL: Incluso en un país como Kenia, hay gente que muere de hambre cada caño. Alguien los tendrá que ayudar.

Shikwati: Sí, pero tienen que ser los propios keniatas quienes ayuden a esa gente. Cuando hay una sequía en una región de Kenia, nuestros políticos corruptos deliberadamente claman por más ayuda. Esta petición llega al Programa de Alimentos de la ONU -una agencia repleta de apparatchicks que se encuentran en la absurda situación de, por un lado, dedicarse a luchar contra el hambre mientras que, por otro, confrontarían el desempleo allí donde el hambre fuera finalmente eliminado- Naturalmente ellos aceptarán tramitar esta petición de ampliar la ayuda. Incluso suele ser frecuente que pidan más dinero del que los gobiernos originariamente solicitaron. Entonces remiten esta petición a la sede central y, poco después, miles de toneladas de cereales son remitidas a África.

SPIEGEL: …cereales que proceden sobre todo de los grandes subsidios europeos y americanos a sus granjeros.

Shikwati: … y al mismo tiempo, los cereales van a parar al puerto de Mombasa. Una porción de los cereales va directamente a las manos de políticos sin escrúpulos que luego lo entregan a sus clientes políticos para impulsar su próxima campaña electoral. Otra porción del envío va a parar al mercado negro donde el mercado se vende a precios extremadamente bajos. Los granjeros locales tienen que dejar de usar sus azadas; nadie puede competir con el Programa de Alimentos de la ONU. Y precisamente porque los granjeros se hunden ante esta presión, Kenia no tendrá reservas para confrontar una futurible hambruna el año próximo. Es un ciclo simple pero fatal.

SPIEGEL: Pero si el Programa de Alimentos no hiciera nada, la gente moriría de hambre.

Shikwati: Lo dudo mucho. En un caso así, los keniatas, para variar, estarían forzados a iniciar relaciones comerciales con Uganda o Tanzania y comprar allí su comida. Este tipo de comercio es vital para África. Nos forzaría a mejorar nuestras propias infraestructuras, mientras que haríamos nuestras fronteras -trazadas por los europeos, no lo olvidemos- más permeables. Nos serviría también para fomentar leyes que favorecieran el libre mercado.

SPIEGEL: ¿Será África capaz de solucionar todos estos problemas por sí sola?

Shikwati: Por supuesto. El hambre no debería ser un problema para la gran mayoría de países subsaharianos. Es más, hay una gran cantidad de recursos naturales: petróleo, oro, diamantes. África siempre ha sido representada como el continente del sufrimiento, pero la mayor parte de las cifras exageran la realidad. En las naciones ricas, prevalece la idea de que África se hundiría sin la ayuda al desarrollo. Pero créame, África existió antes de que los europeos la descubrieran. Y tampoco lo hacíamos tan mal.

SPIEGEL: Pero el SIDA no existía en aquellos momentos.

Shikwati: Si uno se creyera todos los informes catastrofistas, entonces todos los keniatas deberían haber muerto ya. Pero ahora, se están llevando a cabo pruebas en todas partes, y se demuestra que las cifras estaban muy infladas. No hay tres millones de keniatas infectados. De repente, sólo hay un millón. La malaria es un problema tan o más importantes, pero la gente pocas veces habla sobre ella.

SPIEGEL: ¿Y por qué?

Shikwati: El SIDA es un gran negocio, quizá uno de los mayores de África. No hay nada que puede generar tanta ayuda al desarrollo como las impactantes cifras de seropositivos. Aquí el SIDA es una enfermedad política, y deberíamos ser bastante escépticos.

SPIEGEL: Los americanos y los europeos han congelado los fondos que previamente habían prometido a Kenia. El país es demasiado corrupto, dicen.

Shikwati: Me temo, sin embargo, que el dinero seguirá siendo transferido. Al fin y al cabo, tiene que destinarse a algún lado. Por desgracia la devastadora necesidad de los europeos por hacer el bien no puede ser rebatida racionalmente. En cualquier caso, no tiene sentido que poco después de que el gobierno keniata fuera elegido -un cambio de liderazgo que terminó con la dictadura de Daniel arap Mois- los grifos se abrieran repentinamente y se introdujeran en el país grandes sumas de dinero.

SPIEGEL: Con todo, esa ayuda normalmente se destina a objetivos específicos.

Shikwati: Eso no cambia nada. Los millones de dólares destinados a luchar contra el SIDA aún están guardados en los depósitos bancarios de Kenia sin haber sido empleados. Nuestros políticos se sintieron “abrumados” con el dinero, y decidieron desviar tanto como pudieron. El último tirano de la República Centroafricana, Jean Bedel Bokassa, lo resumió cínicamente diciendo: “El gobierno francés lo paga todo en nuestro país. Pedimos dinero a los franceses. Lo obtenemos, y luego lo malgastamos.

SPIEGEL: En Occidente, hay muchos ciudadanos compasivos que desean ayudar a África. Cada año donan dinero y envían sus ropas viejas.

Shikwati: …e inundan nuestros mercados con esas cosas. Nosotros podemos comprar las ropas donadas más baratas en los denominados mercados Mitumba. Hay alemanes que se gastan unos pocos dólares para obtener jerseys usados del Bayer de Munich o del Werden Bremen; en otras palabras, compran la ropa que otros alemanes enviaron a África por una buena causa. Después de comprar los jerseys, los subastan en Ebay o los vuelven a enviar a África -con su precio triplicado. Es una locura.

SPIEGEL: … y por fortuna una excepción.

Shikwati: ¿Por qué recibimos montañas de ropa? Nadie pasa frío aquí. En cambio, nuestros sastres abandonan su estilo de vida. Están en la misma situación que nuestros granjeros. Nadie en el mundo africano de los salarios bajos puede ser suficientemente eficiente en costes para competir con productos regalados. En 1997, 137.000 trabajadores estaban empleados en la industria textil de Nigeria. En 2003, esa cifra había caído a 57.000 personas. Los resultados son los mismos en todas las otras áreas donde la abrumadora caridad y la fragilidad africana colisionan.

SPIEGEL: Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania sólo se sostuvo porque los americanos enviaron su dinero a través del Plan Marshall. ¿No implica ello un triunfo de la ayuda al desarrollo?

Shikwati: En el caso de Alemania, sólo tenía que ser reparada la infraestructura destruida. A pesar de la crisis económica de la República de Weimar, Alemania estaba muy industrializada antes de la guerra. Los daños causados por el tsunami en Tailandia también pueden ser reparados con un poco de dinero y mano de obra proveniente de la caridad. África, sin embargo, tiene que dar los primeros pasos hacia la modernidad por sí misma. Tiene que producirse un cambio de mentalidad. Debemos dejar de vernos a nosotros mismos como unos pedigüeños. Estos días, los africanos se ven a sí mismos como víctimas. En cambio, nadie puede imaginarse a un africano como empresario. Para cambiar la situación actual, sería de gran ayuda que las ONGs se retiraran.

SPIEGEL: Si lo hicieran muchos trabajos se perderían inmediatamente.

Shikwati: …trabajos que fueron creados artificialmente y que distorsionan la realidad. Los trabajos de las ONGs son bastante populares, y pueden llegar a ser muy selectivos a la hora de escoger a la mejor gente. Cuando las ONGs necesitan a un conductor, docenas de personas solicitan el trabajo. Y precisamente porque resulta inaceptable que el chófer del trabajador hable solamente su lengua tribal, necesitan que también hable inglés de manera fluida -y, por qué no, que sea educado. Al final, tienes a un bioquímico africano haciendo de chófer para un miembro de una ONG, encargado de distribuir comida y forzar a los granjeros locales a abandonar sus trabajos. Es simplemente demencial.

SPIEGEL: El gobierno alemán se enorgullece precisamente por controlar a los receptores de sus fondos.

Shikwati: ¿Y cuál es el resultado? Un desastre. El gobierno alemán regalándole el dinero a Paul Kagame, el presidente de Ruanda. Un hombre que tiene en su conciencia la muerte de un millón de personas -personas que su ejército mató en el país vecino, el Congo (conocido como Zaire hasta 1997).

SPIEGEL: ¿Qué se supone que deberían hacer los alemanes?

Shikwati: Si realmente quieren combatir la pobreza, deberían paralizar completamente la ayuda al Tercer Mundo en África y darle una oportunidad para que consiga su propia supervivencia. En estos momentos, África es como un bebé que inmediatamente llora para que venga su niñera cuando algo va mal. África debería sostenerse sobre sus propios pies.